Vacaciones invernales en 5 actos y un epílogo

Acto I – La idea

–Negrita, estuve haciendo cuentas y nos alcanza para unos días de vacaciones con los chicos.

–¿Estás seguro? Con lo caras que están las cosas…

–Ya calculé todo: papá nos presta la casita de las Sierras, llevamos comida comprada en el súper, no gastamos allá, y ¡listo! ¿Te imaginás tres días de aire puro, sin obligaciones?

–Gordo, ¿vos te acordás de que tenemos tres hijos, no?

–¡Negra, los chicos son divinos! Y ya te estoy viendo la cara de contenta. ¡Es un programón! Listo, hablo con papá, y salimos el jueves. ¡Todo decidido!

Acto II – El viaje

–Paaa… ¿falta mucho?

–Recién salimos, princesa.

–Estoy aburrida…

–¡Yo también estoy aburrido, pa!

–Shhh, no griten chicos, que el bebé duerme… ¿Por qué no juegan a “las patentes”?

–¿A qué? No, pa, ¿me prestás tu celu?

–No, nada de celulares. Este viaje es para des-can-sar.

–¿Me prestás el tuyo, ma?

–¿No lo escuchaste a papá? No es no.

–¡Aaaaya!

–¿Qué pasa?

–¡Él me pellizcó!

–Ella empezó…

–¡Mentira! 

–¡Les dije, lo despertaron al bebé!… ¿Gordo, este es el camino?

–Y, no sé… con tanto lío, me perdí…

–Ma, me duele la panza.

–¿Fuiste al baño antes de salir?

–Sí, pero me duele igual.

–Pensá en otra cosa.

–¿Entonces me prestás el celu, porfa?

–¡Basta, chicos! ¡Todos callados!… Miren qué lindo paisaje…

–¡Bieeen, llegamos!

–No, paramos a cargar gas.

–¿Nos comprás algo, pa? Sí, porfa…

–Ese bebé no para de llorar, ¿podés darle la teta, por favor?…

–¿En el medio de la estación? Mejor voy adentro.

–Bueno, pero no demoren.

–Pa, él tiene más caramelos.

–Les di lo mismo a los dos…

–No, pa, mirá.

–No me tapes la cara, estoy manejando…

–¿Falta mucho?

–Sí, muchísimo, y si siguen preguntando, cada vez más.

–¡Mamá! Ahora ella me hace burla…

–Miren, demonios: les damos los celulares ¡pero si se quedan callados y quietos!

–¡El de papá para mí!

–No, ¡yo canté pri!

–¡Pa, no es justo…!

Acto III: La casita

–Ma, no hay señal…

–Claro que no, estas vacaciones son para jugar al sol, juntar piedritas, hacer caminatas… Están en las Sierras, chicos, ¡disfruten!

–Yo me quiero volver.

–Yo también.

–Gordo, la garrafa está vacía… ¿podrás ir al pueblo a buscar una?

–¡Vamos todos, pa, y nos comprás un helado!

–¿Helado, con este frío? Ni lo sueñen. ¿Otra cosa, Negrita?

–Velas, por si se corta la luz; y sal, que me olvidé; ah, y agua. Mejor te hago una lista.

–Y yo que pensaba descansar… Ojo, ustedes, con subir al auto con barro, ¿eh?…

–¡Yo voy adelante!

–¡No, yo! ¡Mamá, me empujó!

–¡Nooo, miren el enchastre que hicieron…!

Acto IV: La noche

–¿Hay polenta?

–No, fideos.

–Pero nosotros queremos polenta. ¿Podemos galletas?

–Primero los fideos.

–Son horribles.

–Ni los probaron.

–Zas, se cortó la luz. Gordo, ¿trajiste velas?

–Las estoy buscando… no veo nada… ¡ajjj, qué asco!, ¿qué es esto?

–Ay, me olvidé de tirar el pañal…

–Voy a vomitar…

–Papá, ¡está oscuro!

–Ma, ¡tengo miedo!

Acto V: La mañana siguiente

–¿Viste? De día todo parece mejor. Y para que vos descanses, paseamos por el pueblo, conocemos y comemos una rica pizza.

–No me gusta la pizza.

–Yo quiero un lomito.

–Acá no sirven lomitos; pizza o empanadas. Elijan.

–Señor, ¿cuál es la clave de internet?

–Córtenla con el celular, les dije… Cuidado con las botellas… cuidad… ¡yo sabía! Mirá el desastre… Dejen de pelear, que el señor quiere limpiar la mesa…

–Gordo, el bebé se hizo caca de nuevo, y ya es diarrea.

Epílogo: Última noche

–Negrita, ¿estás dormida?

–Casi. Con los tres encima, es difícil.

–¿Te pido un favor?

–Decime.

–Si llego a proponer otras vacaciones: ¿me hacés acordar de estas?

–Olvidate.

* Médico

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