Un estudiante rosarino ganó medalla de bronce en la Olimpíada Mundial de Física

Es Lucas Díaz, alumno del Instituto Politécnico. La delegación argentina que llegó a este mundial estuvo integrada por tres santafesinos.
Lucas Díaz es rosarino, cursa el 6º año en el Politécnico y es uno de los mejores estudiantes de ciencias del mundo: ganó la medalla de bronce en la 48º Olimpíada Internacional de Física realizada en Indonesia. La satisfacción es aún mayor si se tiene presente que la delegación argentina estuvo representada por tres jóvenes santafesinos, todos alumnos de la educación pública: Ignacio Lembo Ferrari, también del Politécnico, y Matías Francois, de la Escuela Industrial de Santa Fe (UNL), además de Díaz.

Entre el 16 y el 24 de julio pasado llegaron a Yogyakarta (Indonesia) 400 estudiantes secundarios de 88 países para participar en el mundial de física. Por casi diez días, la universidad asiática que los alojó —entre pruebas escritas y experimentales sobre tsunamis, terremotos, o temas complicadísimos como “materia oscura” o “inflación cósmica”— se volvió un ambiente multicultural maravilloso.
Curiosidad, pasión por lo que gusta, estudio, entrenamiento y esfuerzo, la receta en que confían los chicos rosarinos para llegar a esta instancia. “Lo que me encanta de la física es que significa el estudio de la naturaleza, que está en todos lados; no importa lo que estás mirando, siempre va a haber física metida ahí. Eso despierta mucha curiosidad. Aunque parezca algo un poco complicado, no hay que tenerle miedo, solo tener curiosidad y alguien que te guíe como lo hizo Juan con nosotros”, expresa Lucas, refiriéndose al profesor Juan Farina, el jefe del departamento de Física del Poli.
A Lucas se le ilumina la cara cuando se le pide revivir el momento de la premiación y piensa en sus afectos: “Algo indescriptible, estar ahí, representar al país. No es solo trabajo mío, es también dedicación y esfuerzo de los profesores, de la familia, que siempre están. Es una medalla que ganamos un poco entre todos”. Ignacio también está impactado con la experiencia de haber participado en este mundial, donde estuvo bien cerca de traerse también una distinción. “Es como que se te pone la piel de gallina cuando te das cuenta de dónde estás”, revive sobre una experiencia de la que asegura que por más libros y libros de historia que lea no será igual a lo aprendido en ese viaje.
Los dos hablan de cómo cada cultura vive las olimpíadas. Mientras chinos, coreanos y japoneses sienten que es solo una competencia de la disciplina y casi una obligación volver con muchas medallas de oro, otras naciones como las latinoamericanas la viven también como una ocasión de encuentro, de establecer lazos de afecto.
“Para nosotros esa oportunidad de intercambio, de juntarnos como 90 países en un solo lugar, tantas culturas, religiones, una Torre de Babel de lenguas diferentes, eso es impagable”, aprecian sobre otro costado de la participación y la medalla lograda.
Las pruebas y consignas para la competencia se deciden el día anterior entre todos los profesores de las diferentes naciones. Luego se traducen al idioma de cada país. Esta vez los chicos de lengua española debieron arreglárselas buena parte también en inglés, ya que las traducciones no alcanzaron a todos los problemas.
Lucas e Ignacio describen a los exámenes no tan difíciles como largos para las cinco horas de las que disponían para resolverlos. Cada internacional propone diferentes formas de pasar estas pruebas, los estudiantes adquieren experiencia entre unas y otras. La Argentina no participaba de estos mundiales desde 2011 y la última vez que trajo una medalla fue en 2009.
FUENTE. LA CAPITAL

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