La soja y una doble resistencia: malezas y retenciones

Pablo Adreani

Las retenciones a la soja, hoy en 30 por ciento, llegan al 40 por ciento debido al sobrecosto que implica para el productor combatir las malezas resistentes y las pérdidas económicas por menores rendimientos.

Los productores destinan por año 2.000 millones de dólares a la aplicación de herbicidas necesarios para combatir las distintas malezas que han generado resistencia. Estas pérdidas equivalen a una retención del 10 por ciento. Y Córdoba es una de las provincias que más sufre el impacto del avance de las malezas resistentes en el cultivo de soja.

En la campaña 2016/17 se sembraron en la provincia 3,84 millones de hectáreas con una producción de 12,2 millones de toneladas. Con este volumen de producción Córdoba aporta al gobierno nacional 1.350 millones de dólares. Equivalente a 23.500 millones de pesos: 21 por ciento de la recaudación total en dicho concepto.

Por las malezas resistentes, la provincia pierde mucho más del 10 por ciento. Por el sobre costo, al tratarse de una provincia que sufre un alto nivel de infestación.

“Yuyos” molestos

Podemos afirmar que hoy el principal factor que afecta y reduce la competitividad del cultivo de soja, además de las retenciones, es sin dudas el impacto negativo que tienen las malezas resistentes. El fenómeno se ha generado a través de los años, ante el monocultivo y la falta de rotaciones con gramíneas que no han podido cortar el ciclo de la evolución y aparición de resistencia de dichas malezas.

Los únicos dos nuevos eventos de soja, léase variedades que tienen resistencia a los agroquímicos necesarios para combatir las malezas resistentes, han sido retirados por Monsanto y Dow del proceso de aprobación ante los organismos regulatorios.

Dicho en criollo, el productor argentino no podrá acceder a esta nueva tecnología que podría ayudar a mejorar su competitividad, a diferencia de los productores americanos y brasileros, que ya tienen acceso a estas nuevas variedades.

Derechos de exportación

El otro factor que influye negativamente en la competitividad del sector son las retenciones. El Gobierno ya había postergado, antes de comenzar la cosecha 2017, cinco por ciento de reducción de las retenciones prometido a pocos de días de asumir. Planteó un cambio de las reglas de juego al anunciar que la reducción será gradual, a razón del 0,5 puntos mensual a partir de 2018. Para tener orden de magnitud, el cinco por ciento equivale a 1.260 millones de dólares y la reducción gradual del 0,5 mensual implica una reducción de 105 millones de dólares por mes.

El gradualismo puede ser un muy buen sistema en el caso de aumentar las tarifas eléctricas o de gas, pues ayudan al ciudadano a ir reasignando sus gastos. Sorprende que los mismos funcionarios del gobierno, que defienden la reducción gradual de las retenciones, han tenido una posición, sino muy clara, al menos confusa al pago de las regalías o derechos de propiedad de las nuevas variedades de soja

En el caso de las retenciones, el productor se vería mucho más beneficiado si el cinco por ciento lo eliminan de una sola vez, compensando al menos parcialmente el sobre costo que le implica controlar las malezas resistentes y no poder acceder a las nuevas tecnologías para controlarlas, cuya responsabilidad de su aprobación es también del estado.

El Gobierno nacional tiene una enorme responsabilidad tanto para recaudar impuestos y administrar las retenciones, como para dotar a los productores de herramientas que les permitan mejorar su competitividad. El gobierno cordobés está dando señales en dicho sentido.

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