“Están todos muertos”, el grito que invadió Mar del Plata

MAR DEL PLATA. Caminaron abrazados, llorando sin consuelo algunos, otros salían de la base naval de Mar del Plata en automóvil con la bronca contenida, y ante los periodistas unos muy pocos se desahogaron y cargaron contra las autoridades de la Armada, pero también varios familiares de la tripulación del submarino ARA San Juan fueron retirados en ambulancia tras descompensarse. “Nos mintieron, explotó y están todos muertos”, se escuchó por parte de aquellos que decidieron hablar con la prensa.

“Fue una explosión, están todos muertos, mataron a mi hermano, son unos hijos de puta; Macri, fijate que mataron a mi hermano”, se escuchó a los gritos desde el interior del primer vehículo que salió de la base de la Armada luego de ser informados del comunicado oficial para seguir su rumbo a gran velocidad.

A la distancia, desde el ingreso a la unidad militar, donde un centenar de periodistas y móviles de todo el mundo se encontraron apostados buena parte del día, ayer cerca del mediodía se observaba que salían ambulancias y varios camaradas de la fuerza se abrazaban. Acababan de transmitirles a los familiares la noticia de la explosión y se presumía lo peor.

Jessica Gopar, esposa del cabo principal y electricista del submarino Fernando Santilli, dijo que era el primer día en que había ido a la base. “Vine a buscar contención psicológica y me entero de que me quedé viuda. En la atención psicológica me dieron un vaso de agua y una pastilla. Me acaban de decir que explotó el submarino y no sé dónde dejarle una flor a mi esposo”, dijo.

“Mi marido es maravilloso, mi primer hombre, mi primer amor, siete años de novios y tres años juntos, tenemos un hijo de 11 meses, Stefano, con quien le hicimos este cartel para dejarle aquí en el alambrado de la base, y me encuentro con esta noticia”, sostuvo Jessica, quien recordó que se enteró de la desaparición del submarino por los medios y recién a las 22.40 del miércoles 15 recibió el llamado de la Armada en el que le comunicaba que habían perdido contacto. “Yo no me preocupé, porque mi marido jamás me habló de alguna falla; esto es muy raro, no sé qué es lo que pasó”.

Llorando, les pidió a los medios a modo de ruego: “No nos dejen solos, porque después de esto no se sabe qué puede pasar. Al principio nos ayudan y luego nos quedamos solos”.

Respecto de la noticia de la confirmación de una explosión en el submarino ocurrida el mismo miércoles en que se perdió comunicación, se le consultó si creía que la Armada tenía la información con anterioridad. “No creo que sean tan crueles”, consideró, y finalizó diciendo que no quiere “una placa que diga ‘Los héroes del San Juan’”.

Ni vivos ni muertos

Itatí Leguizamón, esposa del cabo principal Germán Suárez, que cumplía funciones a cargo del sonar, comentó que cuando el contraalmirante Gabriel González leyó el comunicado oficial a los familiares, algunos parientes comenzaron a “romper todo” en el interior del edificio.

“No nos dijeron que murieron, pero nos dicen que están como a tres mil metros desde hace ocho días. Son unos desgraciados perversos: están todos muertos”, dijo Itatí.

Demostrando un profundo malestar hacia las autoridades de la Armada, relató que “la gente se les abalanzó encima” y que, antes de leerles la información sobre la explosión detectada por dos fuentes internacionales diferentes, hicieron desalojar la sala a todas las personas que no eran familiares directos.

La mujer, rodeada de periodistas, sostuvo que “la explosión fue a las 10.31 de la mañana del miércoles 15. “Nos dijeron que se trató de un incendio o de una explosión y eso hizo que el submarino se sumergiera varios metros. Mi enojo es porque acá la responsabilidad es por los 15 o 20 años de abandono de la Armada”.

“Dicen que lo saben ahora, pero yo me siento engañada. El submarino no fue localizado, pero dicen que está a tres mil metros. Ellos no dijeron la palabra ‘muertos’, pero ¿qué se puede entender? Mandan una mierda a navegar con 44 tripulantes”, recalcó.

La mujer relató que en el año 2014 el submarino tuvo un problema y “no pudieron emerger”. “En su momento eso no trascendió, pero ahora se tiene que saber todo. Mi enojo es con los jefes, porque nos mintieron”.

Durante la última dictadura cívico-militar, la Armada decidió la construcción de dos submarinos para el reemplazo de otros construidos durante la Segunda Guerra Mundial, y contrató a la firma alemana Thyssen Rheinthal. En 1977 se comenzó la construcción de la Clase TR-1700. Se los bautizó “Santa Cruz” y “San Juan”.

El S-41 Santa Cruz arribó a Mar del Plata en diciembre de 1984. El San Juan llegó un año más tarde, comandado por el capitán de fragata Carlos Alberto Zavalla.

En Mar del Plata, ayer todos entendieron que nunca regresará.

Categorias: Noticias

Etiquetas:

A %d blogueros les gusta esto: