Los dilemas de Juan

Hay momentos en los que uno es lo más auténtico que puede ser. En los que todo es genuino y lo impostado casi no tiene lugar. El de Juan Schiaretti besando la camiseta de su Racing de Nueva Italia, el martes en el Centro Cívico, fue lo más parecido a esos instantes genuinos.

El gobernador se corrió de su cargo para dejarle lugar a su pasión de la infancia, esa –como lo demuestran la vida y el arte– que dura toda la existencia.

Pero al rato de que los muchachos de la Academia cordobesa se habían ido de la sede gubernamental con su ascenso al Federal A reconocido, Schiaretti se tuvo que enredar en esas cuestiones de diseño político que suelen estar bastante lejos de la autenticidad.

El gobernador recibió a un grupo de legisladores provinciales oficialistas y a los diputados nacionales que le responden. La idea era restañar las heridas que dejó el traumático tratamiento de la reforma previsional en el Congreso, hablar de los planes para 2018 y del futuro de Unión por Córdoba después de la derrota en la elección legislativa de este año.

Más de uno se sentó bastante de capa caída, en especial el vicegobernador en uso de licencia y actual diputado nacional Martín Llaryora, a quien le afectaron bastante los duros cuestionamientos que recibió por la aprobación de los cambios jubilatorios.

Schiaretti les dijo que debían ser Mauricio Macri y Cambiemos los que pagasen los costos, que ellos sólo habían acompañado por un acuerdo de gobernabilidad y que las explicaciones las debe dar el oficialismo nacional, como habían hecho él y José Manuel de la Sota cuando metieron mano en las jubilaciones de los pasivos provinciales.

Para levantarles el ánimo a los suyos, el gobernador leyó mediciones de estos días que dicen que, supuestamente, Macri cayó en Córdoba una decena de puntos por la reforma previsional, y que ellos, los peronistas provinciales, apenas unas centésimas. Se fruncieron algunos ceños, mostrando un dejo de incredulidad.

Con todo, el gobernador ratificó su alineamiento con Macri con el argumento de que para que a Córdoba le vaya bien, al país le tiene que ir bien.

Pero ahí entró en su gran dilema. Porque trazó un panorama un tanto sombrío de la evolución de la economía nacional. Anticipó, tal como el Gobierno nacional admitió ayer en conferencia de prensa, que no se podrán cumplir las metas de inflación, que será muy complejo bajar el déficit, que el peso de la deuda comenzará a incidir y que se viene un año complicado.

Pero trascartón dijo que a Córdoba le irá mejor en 2018. Que habrá un shock de obra pública, que las cuentas se mantendrán en equilibrio.

Es decir, Schiaretti reconoce que para que a él le vaya bien, le tiene que ir bien a Macri, pero sabe que si a Macri le va bien, peligra su continuidad en el poder en menos de dos años. Por ende, quiere algo así como que a Macri le vaya bien, pero no tanto.

Un dilema de los grandes.

Como el que tiene todo el peronismo de Córdoba.

Por eso, a menos de 24 horas de la reunión de Schiaretti con legisladores nacionales y provinciales, José Manuel de la Sota grabó un saludo de fin de año para sus seguidores. Usó un tono muy conciliador, después de haber roto la representación de Unión por Córdoba en Diputados. Pidió trabajar por el encuentro, no profundizar divisiones, seguir cerca de la gente.

El tendero de Río Cuarto también tiene sus dilemas, pero obviamente, al no estar en el poder, no son tan grandes como los de su socio político.

Schiaretti dice que necesita que a Macri le vaya bien para que a él le vaya bien, pero cree que a Macri no le va a ir tan bien.

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