No todos en la misma Bolsonaro

“Casi todos los políticos mienten en sus campañas electorales y no cumplen con lo que prometen que van a hacer. Ojalá Bolsonaro sea uno más de esos políticos”. Nilton es camarero en un bar de Porto Alegre e intenta consolarse con eso: ojalá que el nuevo presidente electo de Brasil no haga lo que prometió hacer.

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El festejo de Felipe Melo tras el triunfo de Bolsonaro

Video: Instagram.

Y es que, a pesar del perfil más moderado que mostró en las horas previas a las elecciones del domingo, el ex capitán del ejército hizo campaña proponiendo “la limpieza más grande de toda la historia de Brasil”, reivindicando la dictadura militar y hasta criticándola por su única falla: “Torturar y no matar”. Durante su campaña contra Haddad dijo eso y mucho más, en el marco de una democracia que ciertamente ya estaba alterada desde el impeachment a Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula en Curitiba cuando el ex presidente encabezaba todas las encuestas para ganar las elecciones que terminaron en el ballotage de este domingo.

Roberta dice que Bolsonaro en realidad es “un hombre bueno”, que a veces “habla un poco de más”, y que tiene muchas esperanzas en él para reconstruir “el daño que el PT le hizo al país”. Incluso le gusta su manera de expresarse, porque “es como habla la gente normal”. También aclara que no es feminista sino una mujer que siempre luchó por lo suyo.

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Claro que no es feminista: durante su campaña, Bolsonaro dio cuenta de su misoginia, además de amenazar con barrer a todas las minorías del país más grande y más poblado de América Latina. “El Lava Jato (el megacaso de corrupción que estalló en Brasil y se propagó por parte de la región) fue trampolín para que Bolsonaro ganara adeptos con el odio al PT, en una campaña en la que se fue envalentonando con mensajes fascistoides, homofóbicos y racistas.

El apoyo de la Iglesia Evangélica fue clave. Además de un sistema de fake news propagadas por WhatsApp como spam que acusaban a Haddad de todo tipo de cosas, como de haber violado a una chica de 11 años o de tirar a la basura una Biblia”, dice Diego, un argentino que vive hace diez años en Porto Alegre y que fue a votar con la remera de Ele Não (el lema antibolsonarista: en Brasil vale el voto cantado).

Ronaldinho apoyó a Bolsonaro

En esta misma ciudad, hace un par de semanas, a una mujer que tenía una remera contra el candidato del PsDB y un parche en defensa de la comunidad LGBT le dibujaron con una navaja una esvástica en el abdomen: “Es un símbolo budista, de armonía, de amor, de paz y de fraternidad. Si usted va a buscar en Google, verá que existe allí un símbolo budista”, fue la respuesta del titular de la 1ª Delegación de Porto Alegre, Paulo Jardim, en una entrevista con la BCC Brasil. Increíble pero real.

Casi tanto como el desfile militar con el que se celebró la victoria de Bolsonaro en el barrio de Icaraí, en Nitéroi. Aunque yo me quedo con la frase de uno de los diputados electos del partido de Bolsonaro, el ex actor porno Alexandre Frota (sí, ex actor porno; sí se llama Frota, que además es evangelista), que se cebó y propuso aprobar la “pena de muerte perpetua”. Como por sí a alguien se le ocurre revivir.

En Porto Alegre, donde también ganó el candidato que prometió que al menos una tercera parte de su gabinete será ocupado por militares, también hubo festejos: fuegos artificiales en la avenida Goethe y bocinazos en toda la ciudad. “¡Se terminó la dictadura del PT!”, gritaba uno desde su auto pasando por la puerta del hotel donde se hospeda River.

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El fútbol particularmente no se mantuvo para nada al margen de la elección. Tal vez la posición más resonante haya sido la de Ronaldinho, un hombre de esta ciudad (pero que hoy está cancelado por todos los torcedores gaúchos de Gremio, que lo llaman Ronaldinho Carioca por haber jugado en Flamengo). Dinho subió a sus redes una foto con la camiseta 17, el número electoral del candidato de la ultraderecha.

Atlético Paranaense apoyó a Bolsonaro

Lo mismo hicieron Rivaldo, Ronaldo, Cafú, Lucas Moura, Kaká y Felipe Melo, que festejó como todos vieron descorchando en su casa en San Pablo, también le dieron su apoyo a Bolsonaro. Hace una semana, el Tribunal Superior de Justicia Deportiva de Brasil multó al Atlético Paranaense con una cifra cercana a los 19.000 dólares (70.000 reales) porque sus jugadores, Lucho Gonzalez incluido, salieron al campo de juego para enfrentar a America-MG con una remera de color amarillo con una frase de apoyo a Bolsonaro: ‘Vamos todos juntos por amor al Brasil’. Fue el 6 de octubre, un día antes de la primera vuelta. Sólo un jugador, Paulo André, no aceptó salir a la grama con esa remera. Hay algunos, sí, que se resisten: uno de ellos fue Juninho Pernambucano, que dijo que se pone “loco” al ver a muchos de sus colegas apoyar a “al fascista Bolsonaro: nosotros venimos de abajo, somos pueblo, ¿cómo vamos a ponernos del otro lado?”.

La posición política de jugadores y ex jugadores esta vez se limitó a eso: apenas alguna foto en instagram, remeras alusivas, alguna declaración escueta. Nada que ver con el compromiso que han tenido otros, como Romario, que fue candidato en estas últimas elecciones y ya lleva varios años como diputado. Mucho menos Sócrates, uno de los impulsores de la Democracia Corinthiana contra la dictadura militar en Brasil. Los que sí se pronunciaron esta vez fueron los hinchas: decenas de clubs de fans y foros con cientos de miles de torcedores de distintos clubes se han manifestado contra el presidente electo.

PORTO ALEGRE (ENVIADO ESPECIAL).

Categorias: Deportivas

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