Al centro y adentro

Si bien el núcleo del plantel es similar, en cantidad y calidad de jugadores, desde el inicio del ciclo de Gustavo Alfaro el equipo comenzó a tomar su impronta poco a poco. Primero, con una actitud distinta a la hora de pararse en la cancha. También en cuanto a la búsqueda de convertirse en un equipo más corto y equilibrado. Pero hay una característica en la que, desde la llegada de Lechuga, el Xeneize se hizo más fuerte que nunca: la capacidad para ganar de cabeza en las pelotas paradas en las dos áreas. En lo que va del 2019, además de defender mejor, Boca ya lleva marcados cuatro goles mediante esta vía, uno menos que en todo el ciclo Schelotto. Y sólo le metieron uno, lo que indica una importante mejora en un aspecto que puede resultar letal. ¿Lo hará valer?

El 21/6 de 2017, Ricardo Centurión marcó el primer gol del Boca del Mellizo tras una jugada de pelota parada. Luego, el 12/5 del 2018, por la última fecha de la Superliga 2017/18, Emmanuel Mas marcó de cabeza el empate parcial ante Huracán y, de esta forma, rompió una racha negativa de más de dos años y medio sin que Boca convirtiera un gol proveniente de un tiro de esquina (Monzon vs. Tigre el 1/11/15). Desde entonces, el equipo del Mellizo hizo tres goles más mediante esta vía: Izquierdoz frente a Argentinos, y Benedetto ante Palmeiras (en la semifinal de ida) y River (primera final). Un total de cinco goles en 115 partidos dirigidos por GBS. Uno cada 23.

Ahora bien, en los 16 encuentros que lleva Lechuga como entrenador, Boca ya marcó casi la misma cantidad: Mas ante San Martín de San Juan y Lanús, y López frente a Belgrano y San Martín de Tucumán. Además, no sólo le va bien a la hora de atacar, sino que para defender también está firme. De hecho, únicamente le marcaron en una ocasión: Marco Ruben en la goleada 3-0 sufrida ante Paranaense por la Libertadores, el pasado 2/4, en Brasil.

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Sin ir más lejos, el miércoles pasado, en la goleada sobre Wilstermann, Boca se impuso en ocho de los 14 duelos aéreos que llegaron de una pelota parada. De esos ocho centros, López salió airoso en tres, Pipa en dos, y Mas y Nández en uno.

Lo cierto es que aunque hay unos cuantos jugadores del plantel que van bien de arriba, hay uno que, desde su arribo, aportó jerarquía en ese aspecto: Lisandro López. Cuando llegó, muchos lo miraban de reojo, ya que venía de Europa con una importante inactividad. Y claro, en todo 2018 había disputado apenas dos partidos. No obstante, desembarcó en Brandsen 805 y, prácticamente de un día para el otro, se puso la camiseta y comenzó a rendir. Además de brindar seguridad en el fondo, también reforzó el poderío aéreo, tanto para defender como para atacar. Una característica que, cuando jugaba en Arsenal y lo dirigía justamente Alfaro, le trajo múltiples alegrías a su equipo.

Al deficiente juego ofensivo que traía el Boca del ciclo Schelotto, Lechuga le está sumando este nuevo semblante, el cual puede resultar clave. Por ejemplo, para abrir partidos trabados con rivales bien acoplados en el fondo. Además, puesta en práctica de manera correcta y con ejecutantes como Mauro Zárate (fue el asistidor en tres de los cuatros goles que marcó Boca de cabeza) se vuelve difícil de contrarrestar para la gran mayoría de los rivales.

En definitiva, la mano de Lechuga ya comenzó a verser reflejada en el equipo. Y si bien tiene cabeceadores de nivel, es un aspecto que suele característizar a sus formaciones. Por ahora, la fórmula le da resultado.

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Categorias: Deportivas

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