“Aprendí del Catenaccio”

Con apenas 16 años dejó atrás las Inferiores de Tiro Federal y Unión, para irse a probar suerte a Italia, donde comenzó jugando el Torneo Primavera (una Reserva de acá que unifica la Serie A y la Serie B) y más tarde debutó en la Primera del Latina, de la Serie D. Hasta lo buscaron de la Serie C pero no hubo acuerdo económico con sus clubes formadores y tuvo que pegar la vuelta. Gianluca Ferrari se crió en ese fútbol que se destaca por tener más rudeza que juego. “Aprendí en el Catenaccio”, tirá entre risas, casí como una declaración de principios.

Las lesiones de Coloccini y Bruno Pittón, más la venta de Senesi a Holanda, obligaron a Pizzi a tener que reinventar la línea de fondo y ahí el Tano, apodo que se ganó por su pasado y sus antepasados, tendrá la chance de disputar su 12° partido en el Ciclón. “Estoy tranquilo, trabajé para estar preparado para cuando me tocara esta oportunidad e intentaré adaptarme a lo que pretende el técnico”, señaló con seriedad, ya concentrado en los delanteros de Colón que enfrentará.

-Desde que se confirmó la venta de Senesi muchos hinchas piden por vos, ¿Sentis ese cariño?

-Sí, lo noto. Me mandan mensajes, me escriben en las redes. Es muy lindo sentir ese apoyo. En la calle también, porque vivo en Caballito, una zona en la que hay muchos hinchas de San Lorenzo y a mí no me conoce ni mi mamá, je. Pero siempre alguno me reconoce. Me pasó varias veces que me digan: “Ey, 41”, ja.

-¿Cómo es eso de que aprendiste en el Catenaccio?

-(Sonríe) Y, ahí aprendí las patadas. Digamos que no soy del estilo de Senesi, je. Soy más del uno contra uno y con los pies, cuando se puede… No soy como Marquitos pero intento parecerme un poco, ja.

-Igual, más allá del chiste y las patadas, imagino que esos tres años en Italia te deben haber enseñado muchas cosas, ¿no?

-Sí, claro, todo te deja enseñanzas y esa fue una experiencia enorme para mí. Me sirvió mucho y me aportó mucho roce. Es un fútbol distinto, más duro, más táctico. Acá se juega con más espacios…

-En cuanto a lo táctico, ¿cuáles son las diferencias más grandes que encontrás con el fútbol argentino?

-(Piensa). Principalmente para mí fue un cambio grande porque en las Inferiores de Unión no se hablaba mucho de tácticas, era más partido… Y llegué allá y me plantearon una línea de tres, con el cinco tapón metiéndose como central… Tuve que adaptarme enseguida a todo eso, a los movimientos, a que sea todo un poco más mecanizado. Está bueno. Un técnico que tuve, Mark Iuliano, que jugó en la Juve, me enseñó mucho.

-¿Esas patadas de Catenaccio te llevaron a ganarte el apodo de Hacha?

-Sí, como soy de raspar bastante me empezaron a decir Hacha y quedó. Hasta me hice un tatuaje como representación, je.

Gianlucca se prende al juego con Olé y muestra orgulloso el tatuaje del hacha, rodeada de gotas de sangre, justo arriba del “rastrojero del abuelo”, en su pierna izquierda. Cuando la charla sigue, enseguida aparecen los recuerdos y los referentes en el puesto. Ahí también hay un estandarte: Walter Kannemann. Al actual zaguero del Gremio es a uno de los primeros que destaca como un espejo a seguir y, como si hiciera falta, argumenta su elección. “Si tengo que trabar con la cabeza lo hago, ya tengo tres fracturas de nariz. Una más no es nada, ja”.

-Es particular la tarea de los centrales en este San Lorenzo de Pizzi… ¿Está prohibido reventarla?

-Nos pide que leamos la jugada, pero tampoco arriesgar de más. Si hay que tirarle un pelotazo al 9, vale… Tampoco quiere que perdamos un partido por un error en el fondo o por salir jugando forzadamente.

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-Pero asumen muchos riesgos…

-Sí, buscamos ir para adelante, presionar… Y obvio, cuando nos saltan esa presión, podemos quedar mal parados. Pero estamos trabajando en cómo ubicarnos y cómo retroceder para sufrir lo menos posible.

-Tu hermano es delante…

-Sí, juega en el Bari. Es todo lo contrario a mí, él hace goles, je.

Interrumpe entre risas para contar de Franco, dos años mayor que él y su cómplice cuando armaron las valijas y se fueron a Europa. Gianluca viajó a visitarlo hace unos meses, la relación sigue siendo muy cercana y no se deshilachó por la distancia. Aunque eso sí: hay cosas que el del Ciclón no negocia. “De chico, cuando jugábamos en el barrio, alguna patada le di. ¿Perdonarlo por ser mi hermano? Nooo. No se perdona a nadie, ni a un hermano, hay que pegar igual, je”, dice sonriente.

Y sí, el Hacha no se mancha, che…

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Categorias: Deportivas

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