Los ídolos se cuidan entre ellos

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Cuidar a los ídolos suena a frase hecha. Y en todo caso, no hay una receta inequívoca de cómo se hace para respetar las trayectorias cuando las realidades no están a la altura de las mismas. Boca o Riquelme, Riquelme o Boca han decidido extender un año el contrato de Carlos Tevez y es saludable y lógico por donde se lo mire.

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El nivel del jugador en el año no estuvo a la altura de la propia vara que le puso el entrenador. Ni siquiera pareció acercarse a lo que el Apache espera de sí mismo. El tiempo perdido en China, el declive razonable de toda carrera y la edad armaron un combo en el que mostraron una versión de Carlitos muy lejana a la que le valió la idolatría. ¿Pero daba para que se retirara sin pena ni gloria? ¿No vale su recorrido un buen aplauso de la Bombonera?

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La llegada de Román daba por hecho que aceleraba el retiro de Carlitos. ¿Hacía falta que Riquelme debutara como vicepresidente cargándose a un ídolo de esta magnitud? Riquelme la pisó una vez más y con esa claridad que lo hizo único, le devolvió la bocha al Apache. En definitiva, sea por conveniencia o por convicción, la pelota volverá a los pies de Tevez, que solito y solo deberá pelear por ganarse un lugar que hoy tiene perdido.

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Si le da para pelear titularidad o no, se verá rápidamente en la cancha. Ni siquiera Alfaro le dio pista cuando no lo vio diez puntos, así que su realidad marcará las pautas. Nunca es triste la verdad…

Riquelme la pisó una vez más y con esa claridad que lo hizo único, le devolvió la pelota al Apache.

La cantidad de competencia que le espera a Boca le abrirá la puerta para que pueda mostrar si está para despedirse con la 10 en la espalda o si lo tendrán que poner unos minutos al final de un partido para que lo ovacionen por última vez como jugador. Tendrá una coyuntura sin un presidente amigo y con pocas oportunidades para desperdiciar.

Mientras, Román se saca la mochila pesada de retirarlo en un escritorio.

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