“Ojalá que lo de Gallardo sea eterno”

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Cuando alguien presenta a Juan Pablo Sorin no le alcanza con decir que es un ex jugador, que fue capitán de la Selección, que jugó por todo el mundo y bla, bla. No porque ese bla, bla no fuese importante si no porque luego de 10 años de retirado de las canchas siguió vinculado con el mundo de la pelota desde lugares menos habituales.

Autor de un libro de cuentos propio, impulsor de los tres Pelota de Papel escritos por deportistas, comentarista de partidos, protagonista de un programa propio en Brasil (el desafío de “Se juega en casa” con entrevistas a músicos en el que se codeó con Charly García y Caetano Veloso, entre muchos otros) y ahora, manager deportivo que quiere armar mucho más que un amistoso de verano y preparó esta Copa Desafío que el sábado próximo tendrá a Nacional y a River jugando en el Campus de Maldonado, en Punta del Este, tanto con los equipos de hombres como los de las mujeres.

-Vos propusiste que jugaran las chicas.

-Sí, desde el inicio fue la idea. Y tanto Nacional como River son dos instituciones que quieren que sus equipos crezcan. Ya había participado de un congreso de los derechos de las mujeres en el deporte y vengo peleando hace mucho por el fútbol femenino, por la igualdad y los derechos de las chicas. Y estos partidos vienen bien para sacudir un poco las estructuras.

-Con tanta actividad alrededor del fútbol, ¿nunca te dieron ganas de volver?

-Ya disfruté cada momento, cada partido, cada entrenamiento, cada vestuario y hacerlo desde este lugar es, de alguna manera, seguir ligado a mi pasión.

-¿Pero ni siquiera viendo jugar a este River de Gallardo te entusiasma?

-Ja, ja. Mirá: primero me pone muy feliz por Marcelo, por Biscay, por Buján. Estoy orgulloso de ser amigo de Marcelo, de haberlo visto crecer como jugador. Siempre fue un gran estratega en todo lo que hizo. Lo sufrí cuando jugaba en Argentinos y luego nos hicimos amigos al ser compañeros en River y en la Selección. La verdad, ojalá que sea siempre así esto de Marcelo, que sea eterno. Que en River ya lo es, porque ya marcó un camino más allá de que pueda seguir su carrera donde sea.

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-¿Qué tiene el River de Gallardo?

-Que es el más ganador de estos años. Pero principalmente, que este River contagia, y por momentos con un fútbol brillante. Marcelo le devolvió esa identidad de equipo avasallante, ganador, que volvió reinar en América. Me encanta el nivel de conformación de equipo que consiguió, que entre uno u otro y no se resienta la estructura. Eso es un logro del convencimiento que transmite un entrenador como Marcelo.

-Y trasciende a River. El hincha de Boca, más allá de las chicanas, prefiere que no esté más Gallardo…

-Más allá de los clásicos, Marcelo y sus equipos contagian que se empiece a jugar de determinada manera, que se pueda jugar con chicos de la casa, que pueda haber capacidad de gestión. Como la que logró Heinze en Argentinos y Vélez o Davobe en Argentinos. Eso es el convencimiento que logró.

-Apareció el hincha de Argentinos…

-Y sí, pero, ¿viste Davobe cómo se adaptó en Argentinos? Se fue Alexis (Mac Allister), tocó un poco y le sigue peleando bien arriba el campeonato a los grandes.

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-Justamente en la cancha de Argentinos te reencontraste con mucha gente del club y con Maradona.

-Todos saben que soy hincha de Argentinos y siempre disfruto volver. Más si es para una movida solidaria (el partido a la memoria de Sergio Gendler). Disfruté muchísimo volver a la cancha y reencontrarme con Diego. Siempre es especial.

-¿Ya te había visto con el nuevo look?

-Ja, no y medio no me reconoció. Me abrazó y me preguntó ´¿pero en serio sos vos?’ Estaba sorprendido y, al toque, me tiró: ´¡Qué buena barba’. Y le contesté ‘vos estás con la cachetada en el pelo’ por cómo se había peinado. Muchos recuerdos. Pensá que el primer partido que fui a ver a Argentinos con mi viejo, fue el día que Diego le metió cuatro a Boca. De otro planeta.

Sorin va y viene. Cambia de “modo ex jugador” a “modo conductor” y regresa siempre a “modo manager deportivo” de una Copa Desafío a la que le mete la intensidad que ponía en la cancha y en la que se dio el lujazo de llevar a River con su admirado-amigo Gallardo para empezar a crear un encuentro no sólo deportivo.

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